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lunes, 31 de mayo de 2010


El turista nocturno



H vive en el tercer piso de un hotel. No sale de día, no come el desayuno y no deja que le hagan la cama. Es un turista. No es de acá. Vino a esperar la muerte, nada más.
Hace tres años le diagnosticaron dos tumores. Tiene cáncer de pulmon y de próstata. Odia al médico que le recetó bicicleta para el dolor de espalda, y se va a llevar ese rencor a la urna, pero no recuerda quién le dió el primer pucho, para odiarlo también. Sale de noche. A las 3. Camina una hora y vuelve. Nunca elije el mismo camino, pero siempre llega al mismo lugar. La casa de su primera novia. Cómo la encontró el detective, no tiene idea. A esta altura de la enfermedad, ya ni le importa. Nueva Dehli es tranquila a las 3 am. No se mueve un alma, todas duermen. Los indios son gente trabajadora, parece. Salvo un par de locos y los borrachos de siempre, todos juntan fuerzas para arrancar otro día pesado bien temprano. H disfruta la soledad. Se va acostumbrando a la muerte así. Un día sale ella. No lo reconoce, por supuesto. Desde aquel viaje a Argentina ya pasó toda una vida. Pero le da miedo el turista que merodea la casa todos los días a la misma hora. Hace dos meses que ella no duerme. Casi desde que H tiene el diagnóstico: 2 meses de vida. Hoy. El día que ella sale a echarlo del patio. H se va. No le dice nada. ¿Para qué? Está casi muerto. Ahora sólo le queda tirarse en la cama del hotel y esperar.









¿A donde quiero llegar? Las cosas como las conocemos, las que definimos, las que consideramos importantes; esta regido por lo que creemos que es lo correcto, la maldad y la bondad así como las leyes de la naturaleza son cosas propias de nuestra mente y dios o cualquier ser superior también lo es (nosotros y solamente nosotros decidimos que es bueno y malo, eso espero que quede claro, una cosa es decidir que es bueno y malo y otra aceptar que eso es bueno o malo, ¿entiendes?). Hoy caminando pase por una iglesia, al ver a la gente no quise parecer el típico ateo estereotipado que pasa con rostro de mofa ante los feligreses, ellos creen en un ser superior y si eso los anima a vivir no es malo. Escuche decir a un sacerdote que es más fácil no creer, puede que sea verdad en cierto modo, pero el no creer no se trata de eso, lo más importante es no mentirse uno mismo


Solo puede decirse que alguna vez exististe si alguien puede recordarte, si alguien sabe de ti.

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